¿Qué es el proceso de Catacion?

¿Cuántos tipos de sensaciones gustativas existen?

El sentido del gusto permite al animal evaluar lo que come y bebe. En el nivel más básico, esta evaluación sirve para promover la ingestión de sustancias nutritivas y evitar el consumo de posibles venenos o toxinas. No cabe duda de que los animales, incluidos los humanos, desarrollan preferencias gustativas. Es decir, elegirán ciertos tipos de alimentos con preferencia a otros. Curiosamente, las preferencias gustativas suelen cambiar en función de las necesidades del organismo. Del mismo modo, los animales suelen desarrollar aversión a los alimentos, sobre todo si enferman poco después de haber ingerido un determinado alimento, aunque éste no haya sido la causa de la enfermedad; seguro que usted mismo lo ha experimentado. Las preferencias y aversiones alimentarias tienen que ver con el sentido del gusto, pero es casi seguro que estos fenómenos están mediados por el sistema nervioso central.

El sentido del gusto está mediado por las células receptoras del gusto que se agrupan en racimos llamados papilas gustativas. Las células receptoras del gusto toman muestras de las concentraciones orales de un gran número de pequeñas moléculas e informan de una sensación de sabor a los centros del tronco cerebral.

Receptores del gusto

Aunque la vista y el oído son, con mucho, los sentidos más importantes, las sensaciones humanas se completan con otros cuatro, cada uno de los cuales proporciona una vía esencial para comprender mejor el mundo que nos rodea y responder a él. Estos otros sentidos son el tacto, el gusto y el olfato, y nuestro sentido de la posición y el movimiento del cuerpo (propiocepción).

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El gusto es importante no sólo porque nos permite disfrutar de los alimentos que comemos, sino, lo que es aún más importante, porque nos orienta hacia los alimentos que nos proporcionan energía (el azúcar, por ejemplo) y nos aleja de los que podrían ser perjudiciales. Muchos niños son melindrosos por una razón: están biológicamente predispuestos a ser muy cuidadosos con lo que comen. Junto con el sentido del olfato, el gusto nos ayuda a mantener el apetito, a evaluar posibles peligros (como el olor de una fuga de gas o de una casa en llamas) y a evitar comer alimentos venenosos o en mal estado.

Nuestra capacidad gustativa comienza en los receptores gustativos de la lengua. La lengua detecta seis sensaciones gustativas diferentes, conocidas respectivamente como dulce, salado, ácido, amargo, picante y umami. El umami es un sabor carnoso asociado a las carnes, los quesos, la soja, las algas y las setas, y se encuentra especialmente en el glutamato monosódico (GMS), un popular potenciador del sabor (Ikeda, 1909/2002; Sugimoto y Ninomiya, 2005).

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El gusto y el olfato son sentidos distintos con sus propios órganos receptores, pero están íntimamente relacionados. Las papilas gustativas detectan las sustancias químicas de los alimentos y están formadas por células sensoriales especiales. Cuando se estimulan, estas células envían señales a zonas específicas del cerebro, que nos hacen conscientes de la percepción del sabor. Del mismo modo, las células especializadas de la nariz captan los odorantes, las moléculas de olor presentes en el aire. Los olores estimulan las proteínas receptoras que se encuentran en los cilios en forma de pelo en las puntas de las células sensoriales, un proceso que inicia una respuesta neuronal. En última instancia, los mensajes sobre el gusto y el olfato convergen, lo que nos permite detectar los sabores de los alimentos.

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El gusto y el olfato son sentidos distintos con sus propios órganos receptores, pero están íntimamente relacionados. Las papilas gustativas, que consisten en células sensoriales especiales, detectan las sustancias químicas de los alimentos. Cuando se estimulan, estas células envían señales a zonas específicas del cerebro, que nos hacen conscientes de la percepción del sabor. Del mismo modo, las células especializadas de la nariz captan los odorantes, las moléculas de olor presentes en el aire. Los olores estimulan las proteínas receptoras que se encuentran en los cilios en forma de pelo en las puntas de las células sensoriales, un proceso que inicia una respuesta neuronal. En última instancia, los mensajes sobre el gusto y el olfato convergen, lo que nos permite detectar los sabores de los alimentos.

El sentido del gusto se llama

Gracias a las modernas normas de seguridad alimentaria, la mayor parte de lo que hay en el supermercado es seguro de consumir. Pero si conservas esa pechuga de pavo en rodajas durante demasiado tiempo, tu nariz te dirá que algo no va bien. El olfato y el gusto son sentidos fundamentales que nos ayudan a detectar las sustancias peligrosas que podemos inhalar o ingerir antes de que nos perjudiquen.

Nuestros órganos sensoriales son las ventanas del cerebro al mundo exterior. Los sentidos del gusto (gustation) y del olfato (olfaction), estrechamente relacionados, nos ayudan a navegar por el mundo químico. Al igual que el oído es la percepción del sonido y la vista es la percepción de la luz, el olfato y el gusto son las percepciones de las pequeñas moléculas del aire y de los alimentos. La información que recibimos en forma de diferentes tipos de energía y moléculas se combina en una experiencia sin fisuras de nuestro entorno. Esa percepción sería escasa e incluso peligrosa si no pudiéramos saborear y oler.

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Nuestra capacidad gustativa depende de las moléculas que se liberan al masticar o beber. Estas moléculas son detectadas por las células gustativas de las papilas gustativas situadas en la lengua y a lo largo del paladar y la parte posterior de la boca. Cada papila gustativa tiene células sensoriales que responden a una de al menos cinco cualidades gustativas básicas: dulce, ácido, salado, amargo y umami. Todos los sabores se detectan en toda la lengua y no se limitan a regiones específicas. Cuando se estimulan las células receptoras del gusto, envían señales a través de tres nervios craneales a las regiones gustativas del tronco cerebral: los nervios facial, glosofaríngeo y vago. Estos impulsos pasan por el tálamo, que transmite la información sensorial a otras regiones del cerebro. Los impulsos viajan a la corteza gustativa del lóbulo frontal y a la ínsula, donde se identifican las percepciones gustativas específicas.